miércoles, 5 de septiembre de 2007

Carta de Amor a Becky Thatcher


(>Escrita de regreso al campus universitario para recoger mi título de licenciado. Confiado en haberlo todo olvidado cual fue mi sorpresa cuando me la volví a encontrar dos años despues en el mismo lugar donde la había dejado)

Hoy he vuelto a ver a Becky Thatcher. En el lugar exacto donde pensé que había perdido su rastro.
Dos años de sol despues su piel mostraba el dulce bronceado de una sombra en la arena.
Su pelo, antes obsidiano, resplandecía ahora con destellos claros y confusos del color de quien se ha cansado de decir su nombre y la treintena de pequitas espolvoreadas por sus mejillas se habían tornado cobrizas y duras como una epidemia de promesas rotas.

Me enamore de Becky para seguir yendo a clase.
Ella era el bello final de aquellos días. La puerta falsa para entrar en mi vida.

Pero cada día que pasaba me negaba un poco más a dirigirle la palabra.
Con cada cambio de clase. Con cada vuelta a casa.

Nos clavabamos la miradas.

Fue mi primer dibujo en un libro ilustrado , Tom sawyer tampoco la amaba.

Pero si me arriesgaba, si no me contestaba cuando le hablara, si no me besaba cuando la besara ... con qué latido me despertaría cada mañana, de dónde sacaría otro destino para seguir aquel que nunca pensé que fuera mi camino

...nunca llegaría a clase.

No hablarla, no besarla era la única forma de no perderla

Cuando ella entraba yo salía. Sus ojos eran tic-tacs blancos y negros y refulgían con la luz que inundaba el aula a mitad de mañana.
Cuando yo salía y ella entraba.

Nunca le dije lo que sentía, nunca le enseñe su dibujo, oscuros en mi carpeta su cintura sureña, el verano de las travesuras, Becky sentada mirando al gran río..
Pero aun así cada mañana me agarraba a mi mochila y alargaba mi cuello para ver si me veía.

El último día de curso, cuando por fín la olvidaría , coincidimos , ella sentada en mi parada, como hace dos días
yo ya tenía mis notas en el bolsillo y una estúpida cara de querer vivir la vida.

Mis zapatos me oprimían y mis piernas tontas se declararon en rebeldía. Jamás fui capaz de sentarme a su lado ni de coger ese autobus que tantas veces me había llevado.
Ella me miró por última vez. Hace ya tantos años.

Y yo miré a Becky Thatcher desde los bancales del Mississippi y ella me reprochó que yo le hubiera mentido. Le dije que había sido mi primera amor.
Ella levantó su naricita y me negó todos los besos del río.

3 comentarios:

Unknown dijo...

No le des a Becky lo que no se merece. Recuerda lo que decía Don quijote: "Es condición de mujeres amar a quien las desprecia y despreciar a quien las ama".

Almatina dijo...

Recuerdale a Tom Sawer (y a su anigo el cochambroso Hucleberry Finn), que su chica era y siempre sería más lista e iría enamorándolo dos pasos por delante de él, por misterios de la vida, que le desconcertaban.

More dijo...

Qué historia tan tierna!! La timidez a veces nos juega tan malas pasada. Cómo es posible que ella te haya negado tantos besos? Cómo?
Saludos!!! Me encantó la brevedad de tu post. La brevedad que encierra tanto!